domingo, diciembre 25, 2005

El lépero.

Negra ciudad de trasfondo, unas casas semipaupérrimas, avenidas ligeramente grandes degollan ese subproducto llamado ciudad. Una figura emerge entre la pestilencia oscura. A usanza de un borracho discute necedades haciendo incapié en su machismo. Su dulce garganta emana vapores pestilentes cuan piropos a putas. En un estado equiparable al de un mimo tantea al frente, su cara se contorsiona en sonrisa y su vientre en regadera pinta las calles de la ciudad de los palacios.

Es todo un caballero, singular persona, cuya sofisticación exquisita despliega sus dotes de jardinero. Todo un amante de dar agua a las calles y a los pastos ralos que crecen al oriente de la ciudad. Ya a la carrera decide probar suerte con su valentía etílica. Mi amada, mi dulce cuyo voluptuoso trasero es inspiración déjame deciros en unas cuentas frases: Qué buen culo tienes. Seguro es su día, pues San Judas y su divina intersección sosegaron las ansias de su amada. En lugar de castrarlo ha decidido ignorarlo. El Sr. fino de cuello a piés baja de su Cádillac proletario y se pierde en la dulce oscuridad del centro.

Bailando ha decidido proclamarse el rey de Selene. Pobre no se ha dado cuenta que es una noche de luna nueva, sin su amada Luna bailando un vals al olvido. Hundiéndose en el fango, lecho de rosas para un gentil hombre. Tumba adecuada para quien su boca equipara lo opuesto a su galantería.

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