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jueves, 17 de mayo de 2012
No es lo mío las guajolotas
A raíz de la feria de las naciones, me surgió el apetito por comer tamales, lo bueno es que hoy acaba dicho gusto. Compré un tamal de dulce y pura masa dulce. ¿Qué pasó con las pasas? ¿La fruta? Con ciertos retortijones estomacales. Lo que sí les recomiendo es comprarse un Nacatamal, la gloria entre tamales que he comido, originario de Nicaragua, muy parecido en sabor a los tamales chiapanecos, los cuales glosa decir son mis favoritos.
jueves, 20 de octubre de 2011
Sopa de ajo
Soy fanático de la sopa de ajo, con caldillo de jitomate, pan viejo, huevo y queso, un manjar. Ahora en el nuevo estadío, me he puesto a pensar en las virtudes del ajo respecto al sistema inmune, toda una panacea. De niño recuerdo que mi mamá me daba infusión de ajo con miel para pretender aminorar la problemática del asma que afloraba sobre todo en los meses invernales. Ahora, me pretendo hacer de la costumbre de desayunar uno o dos dientes de ajo como si fuesen pastillas, los pelo y me los paso con agua. Tengo antojo de hacer o aprender a hacer una deliciosa sopa de ajo en el inter un poema de Ricardo de la Vega:
Siete virtudes
tienen las sopas
quitan el hambre,
y dan sed poca
Hacen dormir
y digerir
Nunca enfadan
y siempre agradan
Y crían la cara
colorada
Quizás el punto más cercano a la sopa de ajo, sea la sopa de bolitas de queso que mi madre nos hace en caldillo de jitomate con mucho ajo. A mi mente me viene una sartén con mantequilla o aceite de olivo hirviendo, mientras los ajos se doran para después plasmarlos en pan suave o en lugar de pan con limón, pimienta y casi nada de sal. Recuerdos de nuestra madre y su incursión nocturna en la cocina.
Siete virtudes
tienen las sopas
quitan el hambre,
y dan sed poca
Hacen dormir
y digerir
Nunca enfadan
y siempre agradan
Y crían la cara
colorada
Quizás el punto más cercano a la sopa de ajo, sea la sopa de bolitas de queso que mi madre nos hace en caldillo de jitomate con mucho ajo. A mi mente me viene una sartén con mantequilla o aceite de olivo hirviendo, mientras los ajos se doran para después plasmarlos en pan suave o en lugar de pan con limón, pimienta y casi nada de sal. Recuerdos de nuestra madre y su incursión nocturna en la cocina.
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