La cerveza fluyó después de hacer ejercicio en la fortaleza Altezza, digo en el coto Altezza, ahí la cebada del pacífico fluyo entre conversaciones y pensamiento mágico con Adrián y Tania, luego ya con la somnolencia de Baco entre mis venas llegué a casa para jambarme la hamburguesa que "special one" me trajo y quedé rendido en el sillón hasta muy temprano que me percaté y subí a dormir como la gente decente hace. Poco después me levanté y en esa modorra de estar en pausa, pensé que quizás no debería entrar a danza barroca, quizás hasta que los chelines fluyan de nuevo, sin embargo recordando un antiguo ofrecimiento del Maestro Thomas, decidí escribir y sus ánimos colmaron derramando la espuma de la desidia, ya con bríos entre a clase y la albricia fue que entrenamos el minuet de André Campra, el cual comparto.
Estos días en que una pata le falta a la mesa, me he cuestionado otras patas que sostienen mi existencia y sin duda la danza barroca es una imperdible.
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