jueves, octubre 01, 2015

Un año después de la desaparición de los estudiantes del río de las tortuguitas

Entre muchas circunstancias llovía y pareciera que la temporada coincidía con la reflexión y la tristeza del recuerdo de la desaparición de varios estudiantes, punta del iceberg que son las miles de desapariciones que México ha sufrido. 365 días después que nos recuerda la ineptitud o indolencia del estado y de buena parte de la sociedad mexicana. Dicho día en que un sinfín de humanos se congregaron a marchar de la nike de la victoria, el ángel, al zócalo casualmente regresaba de buscar un libro y comprar algunos otros del FCE del centro de Tlalpan. Por un momento odié las vueltas y la cantidad de personas que había en el camión que me llevaría a mi destino en el café donde mi hermana trabaja, sin embargo dejé a lado tales negativos sentimientos y observé las personas que subían poco a poco atiborrando el camión, personas de todas las edades, quizás un poco estereotipadas en la vestimenta, no obstante su rostro llevaba cierta congoja y alegría, quizás la mueca sonriente de saberse vivos y que pronto se unirían a la ilusión de cambiar un país con la protesta en sus bocas y las cámaras o celulares en sus manos.

Caminé presuroso de Insurgentes a la bolsa de valores para llegar a la cata de café que mi hermana ofrecería. Soltar la lengua y sublimar el olfato para hablar de cafés y mezclas, unos instantes después el rugir de la gente colmó el lugar, miles de personas con pancartas, banderas mexicanas cuyos colores verdes y rojos habían sido sustituidos por el negro del luto. Humanos con la ilusión y la locura de que la música o el mero compás de caminar lograría o logrará hacer un cambio. Dejé la cata de café que ya terminaba para asomarme y observar esos ríos de gentes fluir por el paseo de la Reforma, ríos de mujeres y hombres, jóvenes, ancianos, niños, adultos con sonrisa algunos, con pesar otros caminando y pisando el asfalto como si fuese tierra que necesitara ararse y con la llovizna regando una posible primavera mexicana.

Me encaramé a la parte central de Reforma y caminé tratando de sentir esa afluente, algunos gritos se me hicieron ridículos, quizás por que para mi las mentadas procuran alivio momentáneo, mas no solución alguna. La alegría de observar personas molestas con la situación actual me llenó de energía, mi mente dada mi situación actual me hizo reflexionar que la vida sigue y uno debe de luchar, la ilusión en el rostro de los veinteañeros me conmueve quizás por que cuando observo el reflejo de mi rostro en el espejo, me doy cuenta que los años me han hecho perder esa expresión, sin embargo no dejo de tener ilusión, aunque esta no es tan obvia como la de los humanos jóvenes de la protesta.

Mis entrañas reclamaron el efecto del café y busqué otro café para beber chocolate y liberar tal reclamo, la roda del monumento a la revolución estaba próxima, así que sin quererlo o tal vez coincidiendo caminé, más como espectador, que como manifestante, contingentes de la UNAM, IPN, UAM hicieron aparición conforme mis neuronas reconocían patrones y pensé si habría alguno del ITAM. Seguí mi marcha sobre Reforma hasta que emergió el monumento a la revolución, la roda de capoeira comenzaba y mi adiós a los manifestantes con ella.

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