domingo, agosto 13, 2017

Schneekönigin y el ocaso de la semana.

All meine Tränen geweint nur für dich
Am Horizont steht ein Engel aus Eis

Una hora antes tomaba mi bici, junto con "special one" para emprender la ruta del barrio histórico de Bowness a la avenida 17, el clima cálido, aunque sin sol, anunciaba una ligera tormenta, aunque podría pensarse que es un chapuzón tibio en estándares de lares cercanos al ecuador, es una señora tormenta en estos lares boreales, donde convergen los pastizales, la ruta es impresionante, serpentea por el río Bow, rodeado de árboles, no muy altos, pero frondosos, pastos y otras yerbas cuyo olor dulce embriaga y ha quedado como una honda impresión de lo que es Calgary. De pronto el paisaje urbano-rural cedio paso a un paisaje urbano más propio de ciudad, quizás con un aire a Polanco, por buscar algún ejemplo de la ciudad de México, pero en Calgary un barrio como cualquier otro, planeado y ejecutado, con un cierto número de metros de jardineras y árboles, con algunos edificios de cierta altura, que brotan como hongos entre las casas típicas de madera de dos pisos. Ya en la avenida 17 se observa el permiso acordado para que sea un área comercial sin invadir otros avenidas o calles con comercio. Ahí entre tráfico somero surge el Waves, un café atendido por asiáticos, un lar donde se mezclan personas de todas partes del planeta. En la ciudad cuyo respeto por los parques es impresionante, hay ciertos cafés y las etnias u origenes que los frecuentan, depende del tipo de cafés ofrecidos y el nivel de ruido. La gente de origen inglés es menos proclive al ruido en cafés a diferencia de la gente cuyo origen pareciera que es de europa del este, medio oriente o el Africa subsahariana. Si es té o colores brillantes es probable que haya más gente del lejano oriente, sí es más sobrio y silencioso, más ingleses. Los latinos creo que convergen más a cafés ruidosos, aunque supongo que somos más adaptables, salvo si este es un lugar excéntrico oriental.

Así como la mayoría de mis fines de semana, que no viajo a las montañas, el Waves es parte de la rutina, un domingo un affogato, otro un mocha, otro un café filtrado, pero café, he tratado té y roibos, mas sus sabores no me convencen y cuando lo hacen, no tarda mucho para que un expreso me haga recapacitar al respecto.

Sorbo los remanentes del affogato y las dos estilizadas figuras de unas féminas del este de Europa por el idioma que hablan desvían mis ojos, quizás en otra vida, me digo y suspiro, enfrente de mi la adusta mirada del "special one" y su negro pastizal me desvaría. ¡Caray! Caras vemos, hormonas no sabemos, neuronas mucho menos.

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