jueves, julio 20, 2017

The mirror waters 21 & 22

Slowly... Flying silent
Touching the wind as it sadly sings... for me
Aging on the outside
With my youth in my empty hands
Lost all that I was living for, live no longer
Couldn't resist looking in his eyes
I saw myself, tears were falling
The seas in his eyes reflected my old age
Youth grows old, like winter follows spring
Faster... Falling kingdom
Dancers on winter winds, they dance... for me
Nature's ways
Life can't always be contolled
Controlled by fear
Scared of the months and years, fear no longer
Time leaves its mark
The years come but never go
Masked is my face
The mask of age will fall, hide no longer
Couldn't resist looking in his eyes
burning charcoals that remind me alive
his pure smile that shines me in love
I saw myself, tears were falling
The seas in his eyes reflected my old age
Youth grows old, like winter follows spring


lunes, julio 17, 2017

El glaciar de Athabasca

Ayer sentía como el frío del glaciar me quemaba el rostro, desprevenido y quizás no llevando las capas de ropa adecuadas, dado que es verano en estos lares, no evitó que contemplara su majestuosidad y en parte compartiera cierta tristeza al contemplar como se ha contraido este glaciar en 100 años. Justo veo este corto sobre la abuela grillo y la lluvia, reflexiono la obsesión por el dinero a grados completamente enfermos, la estupidez humana no tiene límite creyendo que puede controlar la naturaleza.

Athabasca Glacier


Te van a matar

Te van a matar
27 marzo, 2017 por Javier Valdez

Se lo decían los amigos, los familiares, los compañeros del gremio. Cabrón, cuídate. Estos güeyes no tienen madre. Son unos malditos. Pero él seguía escribiendo críticas y denuncias en su columna, en uno de los diarios de la localidad: apedreando con sus teclas, sus palabras, el ejercicio del poder político, la corrupción, la complicidad entre criminales y servidores públicos, la policía al servicio de la mafia.

Tenía varios años como reportero y suficiente experiencia para hacer trabajos de investigación. En la región sobraban los temas, pero todos los senderos, escoltados de plantas con espinas, conducían a la pólvora incendiada o en espera del gatillo, las miradas densas y vidriosas de los jefes, los callejones que pueden sacar de apuros y que no tienen salida, las calles que solo conducen a un humo caliente, que se levanta y baila con el viento, después del pum pum.

Pero él tenía en el pericardio un chaleco antibalas. La luna en su mirada parecía un farol que aluzaba incluso de día. La pluma y la libreta eran rutas de escape, terapia, crucifixión y exorcismo. Escribía y escribía en la hoja en blanco y en la pantalla y salía espuma de sus dedos, de su boca, salpicándolo todo. Llanto y rabia y dolor y tristeza y coraje y consternación y furia en esos textos en los que hablaba del gobernador pisando mierda, del alcalde de billetes rebosando, del diputado que sonreía y parecía una caja registradora recibiendo y recibiendo fajos y haciendo tin en cada ingreso millonario.

Los negocios en la agenda de los mandatarios eran su tema preferido. Cómo sacaban provecho de todo y la gente jodida en las calles, donde la indigencia crecía como la basura y se adueñaba de banquetas y esquinas, los prostíbulos estaban sobrepoblados y en los hospitales sobraban enfermos pero no había camas ni médicos. Eso sí, las cárceles hacinadas y el imperio del humo, de la nube negra tapando el cielo estrellado, colmaba las cabezas de los habitantes de la región: enfermaba, pero no hasta la indignación. Y en eso él, de plano, no cejaba ni cedía. Ni madres, repetía. Y se ponía a escribir.

Una denuncia había puesto en el ojo del huracán a uno de los legisladores. Él se unió a quienes criticaron su poderío y sus lazos con las cumbres del poder político, económico y criminal. Fueron pocos los detractores y casi ninguna pluma, pero no se quedó callado. En el feis publicó una de esas fierezas, de palabras valientes, y le dijeron güey, bájale. Estos cabrones te traen ganas. Te van a matar. Él contestó Ba. No me hacen nada. Me la van a pelar.

Pasaron tres horas después de esa publicación en redes sociales cuando lo alcanzaron y le dispararon, de cerca para no fallar.

--o--

Solo me queda inspirar o inhalar aire y tratar de cavilar lo complejo que se ha vuelto la situación y la falta de valores, sin duda esto es en parte por la terrible indiferencia que vivimos en México y esa actitud nos cobra una factura sin precedentes.


Que en paz descanse Javier Valdez y muchos otros de los periodistas que por tratarnos de despertar de la indiferencia sus vidas han sido apagadas. Estas entradas las organicé al 16 de Mayo y pongo la estela de animal político.




Stonebreaker

Como buen "fan", bueno en realidad afecto, a las interpretaciones y grabaciones de Scott Ross me da mucho gusto toparme con esta interesante noticia sobre la vida del "Stonebreaker" de Pittsburg.


miércoles, julio 12, 2017

Creo en la fantasía



Estos días como claroscuros han sucedido uno tras otro y aunque hay cosas que no tiene sentido narrarles mis emociones han ido del blanco al negro. Mientras trabajaba por la mañana un amigo que anda de visita en el lar de los jardines congelados mencionó que el no cree o vive en la fantasía. Una frase que sentí como pedrada y sin duda diametralmente opuesta al idealismo que siempre me ha acompañado, yo si creo y vivo en la fantasía, pues es la fantasía la que nos hace soñar, vislumbrar y alcanzar las cimas o los abismos. Si no creyese y viviese en la fantasía no me estaría en este lar tan boreal y ni siquiera hubiera estudiado matemáticas, ni fingiría ser un ingeniero en software por experiencia laboral. La fantasía es una de las cosas más bellas que el ser humano ha creado, pues con ella surgen las artes en toda su expresión, con ellas Julio Verne trazó y vislumbró en su narrativo las descubrimientos posteriores. Con la fantasía uno puede hacer llevadero este mundo cruel y hermoso, con esas elocubraciones fantásticas uno puede pensar en que el amor es más allá de una mera ilusión reproductiva. Es la emoción de cuando un par de ojos se encuentran y nuestro cuerpo libera químicos que nuestras neuronas cobijan con lírica y poesía. Con ese desgarbo intelectual las matemáticas ofrecen una experiencia mágica, tal y como Escher lo pudo plasmar.

En este cuadro Escher jugó con el área de cobertura o teselaciones del plano de manera fantástica, sin duda la manera realista sería poner un vil cuadrado o conjunto de rectángulos y con ello se satisfacería la teselación, mas Escher decidió jugar y fantasear con dichas teselaciones, así yo me identifico, para algunos podrá ser fantasiosa para mi es hermosa.

martes, julio 11, 2017

Juán

Juan
20 marzo, 2017 por Redacción

Juan estaba muy chico cuando su madre murió de cáncer. Su hermana menor nació y a los pocos meses ella fue llevada al panteón. Se quedó con su padre, un hombre huraño y gritón. De él se sabía por los gritos y las pedas y los cintarazos. Los vecinos por eso evitaban quejarse de los niños y sus travesuras, el balón golpeando los portones, quebrando el foto que colgaba de la marquesina, el cristal de la ventana.

Vas a ver, plebe jijo de le chingada. Por eso Juan buscaba las aceras de enfrente y sus casas y sus familias. No era niño de la calle pero como si lo fuera. Huía de su casa para irse a la de Fran o a la de enseguida. Fran y él eran los únicos niños de la cuadra, el resto eran morritas menores y mayores pero ningún hombre: el barrio para ellos, para volar en ese patín del diablo, en la baica, la patineta, para patear el balón y jugar a los penaltis y cachar con manillas y pelota de béisbol.

Sentados en el macetero, en el filo de las guarniciones, recargados en el arbotante, bajo la sombra del ficus, desculando hormigas y abriendo fuego con la lupa y el sol de mediodía. Aquello era el paraíso para ellos solos. Algunas vecinas le daban agua y comida, y Juan nunca decía que no. Era callado y ojeras que amenazaban con devorarse los ojos y buena parte del rostro. Una mirada triste y pestañas de tejaván. Un cabello negro y pálido. Un tupé que no hacía más que taparle las heridas del alma. Juan tenía familia y casa, pero era un niño sin hogar. Ahí, en esas viviendas de clase media, solo tenía a su hermana y a Fran, y cuando llegaba su padre no tenía nada.

Una vez el hombre decidió casarse. La mujer, con buena posición económica, compró casa y atendía a Juan y a su hermana. Sí los regañaba, pero sin malos tratos. Pretendía, en medio del desierto, ofrecerles un santuario de manos tendidas, miradas tiernas, abrazos y apapachos, comida y algo de estabilidad. No era la madre, pero parecía. Era la madrastra dulce y comprensiva. Y justo cuando ellos parecían divisar del otro lado de la tormenta el puerto seguro, el frágil camino a la felicidad, el padre decide divorciarse. Y todo se desmoronó.

Volvieron las mentadas y los golpes, la borrachera en casa y el exilio de Juan y su hermana. La calle, la banqueta de la casa de Fran, los gestos generosos de los vecinos, eran su única guarida. Hasta que el hombre se infartó. Sin asideros, frente al abismo insondable, Juan dejó el barrio y se refugió con otros familiares. Dicen que volvió a la cuadra en busca de aquellos tiempos: fumaba desde los doce y pisteaba temprano. Dicen que se asomó de tarde, en busca de alguien. Dicen que conoció gente de mirada oscura y hocico siete punto sesenta y dos. Que por eso lo mataron, saliendo de su casa, apenas a los diecinueve.

jueves, julio 06, 2017

Artaserse por Leonardo Vinci

Una puesta en escena interesante y tomando elementos del Kabuki, obviando las plumas y el hecho de que es una ópera para varones sopranos, venga hay que abrir la mente para escuchar el dulce canto de las sirenas, aunque estás sean sirenos en realidad.




Por cierto uds. saben que una de mis óperas favoritas de Vinci es la cita en la galera.

martes, julio 04, 2017

Que salga la perra

Que salga la perra
3 abril, 2017 por Javier Valdez

El niño se acercó a la maestra. Era un niño de buena conducta, aplicado en clase. Ella se agachó para escucharlo. Le dijo que uno de sus compañeros le había robado el dinero que llevaba para gastar en el recreo. Le preguntó quién y señaló. Le dijo cómo sabes que él fue. Porque lo vi.

La maestra se dirigió al otro niño, que estaba cerca y no sabía de qué se trataba. Me dice Rubencito que tú tomaste su dinero. Que lo sacaste de su mochila. Y quiero saber si es cierto. El niño se quedó callado, con los cachetes inflados y la mirada con filo. Lo negó todo. La maestra se quedó en silencio. Vio a uno y luego al otro. Rubencito traía los ojos salados, anunciando una lluvia ligera y honda. Quién me va a decir lo que aquí pasó. La verdad.

Rubencito miraba al otro y a la maestra. El otro solo lo miraba a él, recriminándole. Yo lo vi, maestra. Vi cuando metió la mano a mi mochila y sacó el dinero. Ni modo que diga que no. Es cierto esto, preguntó ella. Como no recibió respuesta, se levantó y fue hacia la mochila de Irvin y ahí estaba el botín: en un rinconcito, bajo los libros, al mero abajo y junto a una crayola roja.

La maestra lo sacó y lo mostró. Le preguntó a Rubencito si era ese. Y sin contarlo le pidió que le dijera cuánto era lo que le habían quitado. Le dio la cantidad. Era la misma. Treinta pesos, un billete de veinte y dos monedas de cinco envueltas en el papel moneda. La maestra volteó a ver a Irvin, quien seguía con los cachetes blindados y esa mirada de vitral a punto de estallar. Le dijo, con tono severo, que no estaba bien lo que había hecho, que debía haber respeto y honestidad. Le exigió que se disculpara con Rubencito. Se lo ordenó una. Otra. Y otra vez. No lo hizo. Le dijo que se fuera a sentar y que no saldría al recreo. El niño la miró con más intensidad y la amenazó: la voy a acusar con mi papá.

Terminó el horario de clase. La maestra los despidió y salieron todos. Se quedó un rato a ver unos papeles, revisar tareas y una lista de pendientes de la escuela. Ya no había alumnos. Estaban ella y dos maestros, platicando, cuando escucharon unos gritos afuera del plantel y unos golpes producidos por el choque entre la cadena y el barandal. Al menos eso parecía.

Sal, perra. Sal, para ponerte una chinga. No sabes con quién te metiste, puta. A mi hijo nadie lo regaña, menos una perra maestra. Ella escuchó. Se le hicieron de arena las piernas y se puso a llorar y a temblar. No podía salir. El hombre traía un arma y con ella golpeaba el cancel. Los dos maestros la sacaron casi a gatas y la ayudaron a brincar la barda de atrás. En dos semanas no salió de su casa y cuando lo hizo fue para cambiar de escuela.

lunes, julio 03, 2017

Vo solcando un mar crudele

No recuerdo cuando fue la última vez que solicité o tuve vacaciones, quizás sin duda una de las desventajas de trabajar a distancia. Y justo abriendo mi mente a estéticas curiosas me llama la atención esta aria de Artaserse de Leonardo Vinci.

Vo solcando un mar crudele 
Senza vele, 
E senza sarte: 
Freme l’onda, il ciel s’imbruna
Cresce il vento, e manca l’arte;
E il voler della fortuna
Son costretto a seguitar.

Infelice! in questo stato
Son da tutti abbandonato:
Meco sola e l’innocenza,
Chi mi porta a naufragar.


Alcione de Marin Marais

Jordi Savall dirige está interesante ópera de Marin Marais: Alcyone