viernes, marzo 03, 2017

Concierto de Bach para 4 clavecines

La semana agoniza o termina y el viento de la ligera incertidumbre sopla, ya llevo mucho tiempo en tierras mexicanas, me susurra y sueño con Calgary, incluso detento cierta incomodidad con mi roomie-amigo, pues a diferencia de otras ocasiones con otros roomies, el hecho de que no pague renta me hace sentir en una especie de favor que no se si converge a un abuso o no. La siguiente semana parece ser que habrá algo llamado "town hall" en la oficina, pues el viejo lobo de mar de Inffinix se ha retirado, como lo mencioné hace algunos meses, y pareciera que vienen cambios como era de esperarse. He vuelto a escuchar la música para cuatro clavecines recordándome la delicia que es para mis oidos y que siempre uno estará en cierta forma atado a sus origenes y a sus gustos que sempiternos se forman en las edades de la inocencia.


En el concierto que es la vida, las sutilezas deben ser síncronas, pues en caso contrario se corre el riesgo de la no-armonía, así este concierto me recuerda la belleza y la sincronía que uno debe de fluir.




Platicando con el buen elementor me ha confesado que ahora entendía mi mirada perdida, el encierro al cual a veces recurro para reflexionar, observo otras existencias como explícole y quisiera meramente vivir como el hombre de las cavernas Guu, pero la realidad converge más a Daichi-Taiyo.

Justo IT Crowd me hace sorna a tal actitud mía.


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