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sábado, 5 de marzo de 2016

RV 34

Otrora hubo un momento de la existencia que disponía de una terrible tranquilidad en la casa, el perfume de las rosas de castilla que llenaban buena parte del jardín, el calor de la tarde y la pintura añeja a veces cayendo a pedazos. Ahí en esa sopor, en el antecomedor me refugiaba en la lectura o en el estudio, mientras el viejo estereo de cds tocaba RV 34. El delicado sonido del clavecín seguía o era seguido por el oboe, casi como si dentro de ese lugar el tiempo se hubiese quedado atrapado y mientras afuera del domicilio los albores del siglo XXI brillaban, adentro parecía otro mundo, la duela con su olor característico, mientras que el espejo del comedor reflejaba el cristal de los candiles, las molduras muy de los cincuentas parecieran de otro siglo. Ahí por primera vez me enamoré de la música de Vivaldi, siendo esa sonata la que quedara plasmada recordándome que dentro de un mundo puede haber otro completamente alterno, quizás esquizofrénico o al borde de una locura. Siendo que la locura es ahora vivir tan de lleno en esta época, cuya decadencia son los síntomas día a día de ser adulto en un mundo controlado por otros adultos.

La versión en oboe:



La versión en violín:


1 comentario:

Alexander Strauffon dijo...

De niño me gustó Vivaldi, lo escuchaba cuando mi padre ponía los discos de vinil en el estéreo, jeje.