martes, agosto 20, 2013

El hijo de Orlando

Al principio era escéptico, pero el milagro sucedía noche tras noche, sólo había que dejar la jarra vacía y esta en ocasiones se llenaba con agua fresca, como si fuese de montaña. Una vez se me ocurrió dejar dos jarras en lugar de una y una de estas se llenó con leche, fría, bronca, como siglos atrás los hombres bebían. Mi padre decía que se debía a que la virgencita nos brindaba dones por ser una familia religiosa, una de las pocas, pues ante tantos atéos infieles libertinos el creer en la virgen del Tepeyac tiene sus recompensas.
Pásele joven que le sirvo - alcancé a gritar, ante un pelón que venía en bicicleta.
Deme tres de suaperro y dos de rata - dijo.
El señor casi pelón se me quedaba viendo de una manera extraña.
No mames Orlando ya viste como se nos queda viendo el huerco ese - le dije a mi hermano.
Yo le sigo tomando la orden al puto, vete por las cocas que ya no hay nada para beber - me dijo, mi hermano.
Mi hermano se acercó al señor y le preguntó que si se le ofrecía algo más. Poco antes de irme alcancé a escuchar que el señor se presentaba como Guy Mazapán y solté la carcajada. Quién chingados se apellida así reí junto con mi hermano, luego mi hermano le explicó que su taquería se llama el Horla para distinguirla de la de enfrente que se llama el Orla, cuyo dueño es nuestro jefe.
Deja el chisme y vete por los refrescos, huerco - alcanzó a gritarme mi hermano.
Caray - pensé - qué apellido tan chistoso Mazapán.

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